Una chica de 21 años creyó que la IA era su cómplice.
Todo empezó en diciembre de 2025, cuando Kim, una mujer coreana de 21 años, fue acusada de intoxicar a tres hombres de edades similares a ella en varios moteles del distrito de Gangbuk, Seúl. Causó la muerte de dos de ellos.
Al cuestionar a la sospechosa, su excusa fue sencilla y directa: ella solo quería que “durmieran tras una discusión.” Al parecer buscaba para ellos un sueño eterno.
Lo que nadie vio venir fue el análisis forense donde en su celular encontraron conversaciones un tanto extrañas con ChatGPT.
“¿Qué pasa si tomas pastillas para dormir con alcohol?” “¿Cuántas necesitas tomar para que sea peligroso?” “¿Podría matar a alguien?”
Lo más escalofriante fue que esta inteligencia artificial le avisó que esa combinación podría ser mortal. Y si no fuera suficiente, duplicó la dosis, así se aseguraba de que el resultado fuera efectivo con sus siguientes víctimas.
Pasó de ser considerado “muerte por lesiones” a “homicidio”, la intención de acabar con la vida de estos jóvenes era más que clara.
La IA no guarda secretos. Tu historial tampoco. Y aparentemente, ni ChatGPT está dispuesto a cubrirte.

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